AMINATA Y AUGUSTA: LA NOCHE Y EL DÍA, EL MIEDO Y LA ESPERANZA, LA PROSTITUCIÓN Y UNA VIDA NUEVA… EN SIERRA LEONA

Alberto López Herrero
ALBERTO LÓPEZ HERRERO

Periodista salmantino del departamento de Comunicación de Misiones Salesianas.

Vinculado desde niño al ambiente salesiano, ha sido voluntario y cooperante en Bolivia, Venezuela, Paraguay, Perú, Argentina y Brasil.

En marzo y abril de 2015 estuvo en Sierra Leona y en Liberia en plena epidemia del ébola para comprobar el trabajo que los misioneros salesianos realizaban con los niños que habían quedado huérfanos por el virus.

En marzo del año pasado viajó a Medellín, Colombia, para conocer la labor de los Salesianos en Ciudad Don Bosco.

Fruto de aquel viaje fue el rodaje, en julio del documental ‘Alto el fuego’ de Misiones Salesianas sobre los menores desvinculados de los grupos armados que atienden los Salesianos y que se estrenó con gran éxito en febrero pasado en Europa (Roma, Bruselas, Ginebra, Madrid…).

En esta ocasión, el objetivo es preparar el rodaje, en mayo, del documental de Misiones Salesianas para 2018 sobre el trabajo de los misioneros salesianos con los menores más desfavorecidos en Sierra Leona.

 

Aminata y Augusta no se conocían. Augusta ejerció la prostitución para poder comer pero ahora tiene su propio negocio de catering y se esfuerza en explicarles a las niñas que no deben ir por ese camino. Aminata, sin embargo, cree que debe ser prostituta porque su abuela lo fue y su madre también. Augusta está agradecida a Don Bosco por la nueva vida que le brindó y Aminata es consciente de que quiere salir de ese mundo y agradece los esfuerzos de los Salesianos por convencerla… pero se resiste.

Aminata fue la primera chica que conoció en la calle el misionero salesiano Jorge Crisafulli cuando comenzó en septiembre un programa que pretende visitarlas en sus lugares de trabajo, donde están rodeadas de alcohol y drogas, oscuridad y peligros, para ayudarlas, darles refugio, sanidad, alimentación, educación y, en la medida de lo posible, reinsertarlas con sus familias.

Desde entonces va y viene al Girls Shelter (Refugio de Chicas) cuando tiene hambre o necesita algo. Fue la única de su grupo que se resistió a abandonar la prostitución y empezar una nueva vida.

“Es un reto que Aminata deje la calle y creo que cada vez estamos más cerca de conseguirlo, aunque le cuesta asimilar normas y horarios porque se ha criado en la libertad de la calle”, asegura Crisafulli.

La conocí hace un mes y destacaba entre todas las chicas por su belleza, espontaneidad y hasta casi diría alegría… Ayer llegó sucia, con la ropa rota, sin dormir… y con la cara muy desmejorada… venía directamente de ‘trabajar’.

Se quedó dormida mientras hablamos con Augusta y costó despertarla, y hasta dormir lo hizo con un ojo casi abierto como método de autodefensa por la situación que vive a diario. Es analfabeta porque nunca ha ido a la escuela y su firma es el dedo pulgar con tinta en un papel en el que le escriben su nombre…

Su madre, asegura, “se ha vuelto loca, pero mi sueño es curarla y poder comprar medicinas para ella”, dice alguien que reconoce que “nunca he tenido una casa familiar y desde hace tres años vivo en la calle”.

Consigue no más de 15.000 leones (menos de 2 euros) por encuentro y cobra más por hacerlo sin preservativo: “Los hombres lo prefieren así, pero muchos no pagan después o incluso te pegan y te roban todo”, reconoce Aminata.

Tiene “miedo por vivir en la calle porque he visto a muchas compañeras morir enfermas y estoy muy agradecida por lo que Don Bosco está haciendo por mí”.

Cuenta con naturalidad cómo la Policía, cuando hace redadas en la calle, las detiene y les piden en la comisaría mantener relaciones sexuales para ponerlas en libertad, o cómo las mafias chinas las llevan a sus barcos… “pagamos por ese transporte, pero también ellos nos pagan más, hasta 350.000 leones –unos 40 euros-, pero son situaciones muy desagradables”, asegura Aminata.

Sin embargo, también ayer, después de pedir algo de dinero tras hablar con ella, volvió a la calle porque sigue sin convencerse de que hay otra vida mucho mejor y donde está la verdadera libertad, al margen de la prostitución.

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