DÍA 11 - Alberto López en Colombia

LA HUIDA DE PELÍCULA DE TERESA DE LA GUERRILLA PARA PODER SALVAR SU VIDA

Teresa no puede, aunque quiera, olvidar su pasado con los grupos armados porque lleva casi media vida entre la guerrilla de las FARC, el centro de tránsito y la Casa de Protección Especializada (CAPRE) de los Salesianos en Cali. Es uno de los numerosos ejemplos de éxito y está a punto de finalizar su proceso de reinserción en la sociedad: “He realizado el taller de Sistemas en el Centro de Capacitación Don Bosco, soy técnico en Mantenimiento de Sistemas y estoy realizando prácticas en una empresa. En septiembre las finalizo y en enero salgo del programa”, comenta.

Cuando deje el centro de los Salesianos formará parte de otro programa que la ayudará con una beca para sus estudios universitarios de lenguas extranjeras: “El que aprovecha el programa se da cuenta de que todo tiene mucho sentido aquí con los Salesianos. Conocemos a Don Bosco, pero sobre todo nos conocemos a nosotros mismos y el que quiere tiene las herramientas para salir adelante y empezar una nueva vida”, asegura la joven.

Su historia de amor y odio con las FARC comienza cuando tenía 8 años: “Mi mamá me abandonó y la tía que me acogió en el campo estaba siempre enojada conmigo, me explotaba y su marido siempre se pasaba conmigo”.

Teresa recuerda cómo un día acamparon en la finca donde vivía guerrilleros. “Estuvieron una semana y yo tuve miedo y pasé mucho tiempo debajo de la cama, pero cuando cogí confianza y vi que no me mandaban y me trataban bien les dije que me llevaran con ellos”.

Por la edad que tenía el comandante se negó, “pero entonces una señora de la guerrilla dijo que ella se haría cargo de mí y aceptaron todos los guerrilleros, así que por la noche cogí algo de ropa y nadie se enteró de que me fui”.

En la selva aprendí a hacer de todo y me trataban bien. Estuve en el frente, pero sobre todo era miliciana ecónoma y me dedicaba a comprar las comidas y transportarlas por río desde la frontera con Ecuador”, recuerda la joven.

Un día Teresa se enteró de que la señora que la ayudó a escapar de casa y la cuidó durante su estancia en la guerrilla se había escapado. Ella tenía que viajar a comprar comida y lo hizo desconfiada: “Me dijeron que no regresara porque me iban a matar porque se pensaban que yo sabía dónde estaba. Estaba con unos compañeros tomando una cerveza antes de viajar y llegaron cuatro hombres en mototaxi. Dije que me iba al baño y escuché que preguntaban por mí: venían a matarme”.

“Salté por la ventana y llegué al río. Me sumergí todo lo que pude y nadé corriente abajo mientras ellos disparaban al agua. Cuando salí vi un bus que iba por una loma y corrí a alcanzarlo. Me di cuenta de que estaba sangrando en un pie, me debí cortar con una piedra pero no me di cuenta, así que me quité la camisa negra que llevaba y la amarré fuerte en el pie herido”.

“El chofer no quería parar pero al final accedió y sólo le dije que corriera porque ya veía a los que me perseguían en el bote río abajo. El hombre accedió, pero me dijo que llegaría a la terminal y luego me llevaría al hospital y así lo hizo. Dijo que era familiar suya y aunque me pidieron papeles, finalmente me curaron: tengo 14 puntos en el pie y el tendón afectado, pero estoy bien”.

Pidió a un familiar que le mandara dinero y, con 200 dólares, Teresa empezó una nueva vida en Ecuador que, aunque tampoco fue fácil, la ha llevado a saber lo que quiere hacer con su vida gracias a la señora que la ayudó a escapar, que la cuidó y que también la obligó, sin quererlo, a tener que salvar su vida.

 

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Epílogo

 

DESDE CERO

Doney Sosa puso en marcha, hace casi 16 años, la Casa de Protección Especializada de los Salesianos en Cali. Recuerda los inicios difíciles, pero también de dedicación las 24 horas al día los 7 días a la semana a los chicos que iban llegando.

“No había nada construido para ellos y era una atención continua, incluidos los fines de semana, con pocos medios pero mucha creatividad. Nos las teníamos que ir ingeniándolas para tenerlos ocupados con talleres y actividades y nos fuimos dando cuenta de las necesidades y poco a poco les fuimos dando forma”.

El resultado está ahí en Cali y en Medellín: “A nivel pedagógico el estilo de Don Bosco funciona y los chicos van al colegio, se han graduado muchos, y a nivel pastoral también van atravesando etapas y crecen a nivel personal”.