DÍA 3 - Alberto López en Colombia

‘PIEDRA, PAPEL O TIJERA’. JUEGOS DE NIÑOS PARA JÓVENES CURTIDOS EN BATALLAS REALES

Traspasar las puertas del CAPRE (Casa de Protección Especializada) que los Salesianos tienen en Medellín supone entrar en la diversidad: allí conviven más de medio centenar de menores entre 14 y 18 años, chicos y chicas, negros, blancos, mestizos, indígenas… a los que les une una pesada mochila de experiencias traumáticas relacionadas con la violencia y el conflicto armado de Colombia.

Todos han tenido un fusil en sus manos, todos han pasado frío, hambre, han sentido soledad, se han arrepentido mil veces de su decisión de alistarse con los grupos armados...

Los chicos fueron entrenados para infligir dolor, para matar, para descuartizar cuerpos sin miramientos…

Las chicas saben lo que es desear morirse tras haber sufrido abusos de todo tipo y abortos…

Pero como es más lo que les une que lo que les diferencia, el trabajo de los educadores, psicólogos y trabajadores sociales siempre comienza por el mismo punto: que se conozcan a sí mismos y que aprendan a quererse para poder mostrar cariño a los demás, porque llegan desubicados y sin haber disfrutado de la infancia ni del amor de una familia.

Entre las actividades que realizan en grupo semanalmente, sentados en un gran círculo en el patio del CAPRE y siempre con una gran participación, el otro día asistí a una que se titulaba Tu cuerpo. Más allá de la educación sexual que también reciben, perseguía que se conocieran más a sí mismos a través de un juego sobre cómo los veían los demás.

Una competición cambiando de pareja a piedra, papel o tijera y el que perdía tenía que imitar los gestos del otro como si fuera un espejo. Así de sencillo en la teoría pero a la vez tan complicado en el fondo, porque cambian sus rostros para hacer muecas, burlas, sonreír… y les obliga a pensar en cómo se comportan y a la vez en cómo son vistos por los demás.

De esta manera, poco a poco, y con terapias que para ellos son juegos inocentes, van aprendiendo a comportarse, a valorar la oportunidad que tienen por delante, a respetarse y, de esa forma también, a respetar a los demás y a corresponder al cariño que reciben.

 

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Epílogo

 

ASÍ LO VEO...

No me canso de la sensación de ternura que produce el contraste de los rostros duros y curtidos de los adolescentes que en su día fueron ‘niños y niñas soldado’ con la inocencia que manifiestan al hablar.

Tienen la apariencia de jóvenes modernos normales de cualquiera de nuestras ciudades.

Ellos, más independientes y solitarios, con vaqueros rotos, bermudas caídas, tatuajes, gorras ladeadas y sus auriculares de música.

Y ellas, siempre mejor arregladas, pintadas en muchos casos, sintiéndose mujeres atractivas y con mayor dulzura en sus gestos.