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26 septiembre, 2018

Betty, de las calles de Freetown a contar con el amor de Don Bosco

Betty tiene 14 años y vivía en las calles de Freetown, la capital de Sierra Leona, desde los 9 años. Es una niña con rostro, cuerpo y mente de niña. Ha sobrevivido de la única manera que puede sobrevivir una niña en la calle: prostituyéndose. La han usado, abusado y descartado, pero es inteligente y muy activa, aunque lleva dentro una carga inmensa de ira y frustración. Los trabajadores sociales y los Salesianos de Don Bosco Fambul se encontraron con ella y su vida cambió.

En el refugio de Don Bosco Fambul para chicas Betty es un dolor de cabeza diario para las trabajadoras sociales y para sus compañeras porque las peleas y las discusiones son frecuentes. De vez en cuando se escapa y después acude a la oficina del director cargada con su culpa camuflada con una sonrisa. Ante el salesiano Jorge Crisafulli Betty cuenta sus penas y luchas interiores y no hay más respuesta que una profunda e infinita compasión por ella “porque vive en un continuo dolor”, asegura el director de Don Bosco Fambul.

Después de su último ataque de ira en el refugio Betty escribió una pequeña carta: “Querido padre Jorge. Te quiero mucho. Quiero que seas mi padre. Que Dios te bendiga. Perdón por lo que hice la otra noche (había peleado y quería irse del refugio). Por favor, perdóname. ¿Puedes perdonarme? ¿Sí o no?” Y firmaba con su mano completa.

“¿Cómo no perdonarla? ¿Qué culpa tiene ella de que las circunstancias de la vida la hayan arrastrado al infierno de la prostitución? No dejo de decirle ‘no es tu culpa’, ‘eres hermosa e inteligente’, ‘Dios te ama y cuida de ti’, ‘no dejes de soñar’, ‘eres una obra maestra salida de las manos de Dios’…”, comenta Jorge Crisafulli.

En Don Bosco Fambul saben que Betty necesita atención y cariño. Necesita saber con certeza que no es juzgada ni discriminada, que tiene que sentirse querida y amada simplemente porque es Betty. Ahí exactamente reside el milagro de su potencial transformación, como el de tantas niñas a las que los Salesianos están salvando de la prostitución desde hace dos años: en la amabilidad, la paciencia y el amor incondicional por ella. “Necesita una mirada misericordiosa que no la juzgue ni le ponga etiquetas. Un amor compasivo y exigente al mismo tiempo”.

Los Salesianos saben, según el Sistema Preventivo de Don Bosco, que la mayoría de las veces las personas empiezan a cambiar cuando se les deja de pedir que cambien, cuando se las trata con cariño y se las acepta como son. “A fin de cuentas -como decía el Papa Benedicto XVI- ‘a Dios no le interesan nuestras caídas, sino nuestras levantadas’. El que se cree santo, bueno, justo y mejor que los demás se cierra a la Gracia y no puede experimentar la fuerza de la misericordia de Dios ni el perdón de los demás. Por algo será que Jesús dijo que ‘los publicanos y las prostitutas se nos han adelantado en el Reino de Dios'”, concluye Crisafulli, que asegura que, por todo ello, ciertamente que Betty nos lleva mucha delantera.

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