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Ver todas las noticiasColombia: 68 toneladas de ayuda y una reconstrucción, dos meses después, que va mucho más allá de levantar paredes
Dos meses después del terremoto de magnitud 7,4 que golpeó Colombia el pasado 10 de agosto, el balance de la respuesta salesiana refleja la magnitud de la emergencia: 10 de las 18 comunidades de la Inspectoría San Luis Beltrán sufrieron daños, 2.100 personas se vieron afectadas por la suspensión de las actividades y se han repartido 68 toneladas de ayuda humanitaria. Ahora, la prioridad es recuperar espacios, garantizar la continuidad de la educación y acompañar a las familias.
El terremoto del 10 de agosto cambió en segundos la vida de miles de personas. Desde las primeras horas, los Salesianos comenzaron a evaluar los daños, a comprobar la situación de niños, niñas, jóvenes, trabajadores y familias y a organizar una respuesta en las diferentes comunidades afectadas.
El balance que ha realizado la Inspectoría Salesiana San Luis Beltrán de Medellín de este trabajo permite conocer y dimensionar mejor el impacto. Diez de sus 18 comunidades sufrieron daños estructurales y el 53% de la presencia salesiana analizada registró daños materiales. La suspensión temporal de servicios afectó a 2.100 destinatarios; 90 trabajadores y familias sufrieron daños en sus viviendas y necesitan acompañamiento psicosocial; y alrededor de 300 estudiantes requieren desde entonces apoyo mediante becas para poder continuar sus estudios. El informe recoge, además, dos víctimas mortales entre personas beneficiarias vinculadas a las obras salesianas.
Como recuerda el salesiano Adolfo Enrique Romero, responsable del Sector Protección de la Inspectoría, aquellos primeros momentos estuvieron marcados por el miedo y la incertidumbre, pero también por una certeza: “Como Salesianos sabíamos que nuestro lugar estaba al lado de quienes más estaban sufriendo”.





Diez comunidades salesianas dañadas y una prioridad: recuperar los espacios seguros
Uno de los casos que más preocupa es el Instituto Técnico Industrial San Juan Bosco de Cali. Las evaluaciones sitúan en torno al 85% los daños estructurales, con peligro en paredes, columnas, techos y distintos bloques que han impedido recuperar con normalidad la actividad académica y educativo-pastoral.
También se han detectado daños en el Colegio San Juan Bosco de Dosquebradas, el Instituto Pedro Justo Berrío de Medellín y las presencias salesianas de Tuluá. Especialmente delicada es la situación en Condoto, región del Chocó, donde la Parroquia San José presenta daños en columnas, paredes, mampostería y techo, y necesita estudios especializados para determinar su estabilidad.
La respuesta inmediata tras el terremoto se articuló mediante equipos de emergencia y siete centros de recogida de bienes de primera necesidad. En un mes se movilizaron 68 toneladas de ayuda humanitaria, con un valor estimado superior a los 185.000 euros. Entre las entregas figuran 20 toneladas para Dosquebradas, 16 para Chocó y 19 para Cali, además de ayuda para Tuluá y entregas directas a familias.
La rapidez de esa respuesta, explica el salesiano Adolfo Romero, se entiende por la presencia cotidiana de los Salesianos: “Fue posible porque ya estábamos presentes y conocíamos a las comunidades”. Las obras pudieron convertirse rápidamente en lugares de recepción y distribución de alimentos, agua y otros productos esenciales.
La reconstrucción también pasa por las aulas y las heridas y traumas que no se ven
Superada la fase más urgente, el trabajo se centra ahora en una reconstrucción integral. Una de las prioridades es evitar que el terremoto desemboque también en abandono escolar. El plan de educación en emergencia contempla ayudas de matrícula, materiales, transporte, visitas domiciliarias y acompañamiento para 300 estudiantes de Cali y Dosquebradas.
La recuperación incluye, además, la reparación de colegios, parroquias y obras sociales, la adecuación de espacios provisionales y el acompañamiento psicosocial a niños, jóvenes, familias y trabajadores.
“Hablamos de una reconstrucción integral, porque no basta con volver a levantar paredes. Necesitamos recuperar escuelas y espacios educativos, pero también proyectos de vida”, explica Romero. “Nuestra misión es permanecer también cuando la emergencia deja de ocupar los titulares”.
Muchas familias siguen necesitando una vivienda segura; otras han perdido pequeños negocios, trabajos y fuentes de ingresos. Y permanecen heridas menos visibles: el miedo, el duelo y la incertidumbre. “Para muchas familias, la emergencia todavía no ha terminado”, advierte el salesiano.
Tras la respuesta de las primeras semanas comienza ahora una fase menos visible y probablemente más larga: devolver seguridad a los espacios, sostener la educación, recuperar medios de vida y acompañar a las personas para que puedan volver a mirar hacia el futuro. Porque reconstruir Colombia no es sólo reparar edificios: es “recuperar la seguridad, la dignidad y la esperanza”.
Y para ello, nuestra solidaridad continúa siendo imprescindible para hacer llegar la ayuda a las personas que más lo necesitan en Colombia.