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19 julio, 2023

Henri Tendetza, un menor acogido por los Salesianos en Ambato (Ecuador) y que quiere “ser alguien en la vida”

La Granja Escuela Don Bosco de Ambato lleva casi 30 años siendo una gran familia en la que los menores que han atravesado situaciones traumáticas de violencia recuperan y ejercen sus derechos, aprenden a convivir y a respetar y descubren sus destrezas a través de talleres para seguir estudiando y aprender un oficio. El objetivo final de la obra salesiana es la reinserción familiar o la adopción, y para ello los Salesianos también trabajan con las familias para general el ambiente de cariño y protección adecuados. Henri Tendetza es uno de los beneficiarios a los que los Salesianos están logrando darte oportunidades de futuro.

Tendetza, como lo conocen todos los menores y educadores de la Granja Escuela Don Bosco, tiene 14 años. “No conozco nada de mi pasado y apenas tengo algún recuerdo. Sé que soy de la ciudad de Macas por mi documento de identidad y el nombre de mi padre y de mi madre, pero no los conozco”, asegura Henri.

“Mi apellido es mezcla de español y achuar. Aquí tengo muchos amigos y me gusta lo que hago y aprendo”, cuenta el joven a medida que gana confianza. Le queda un año para empezar el Bachillerato según ha ido creciendo sus sueños han cambiado también: “De pequeño quería ser portero de fútbol, pero ahora que voy a un colegio técnico y quiero ir a la Universidad, quiero ser militar, porque al tener un título universitario también podré tener un rango mayor”, explica.

Como el resto de menores que vive en la Granja Escuela Don Bosco de Ambato, el deporte es fundamental en la educación: “Todos los viernes seguimos jugando al fútbol, pero mi sueño ya no es el fútbol, sino ser alguien en la vida y dejar huella. Me imagino dentro de muchos años con una esposa y con hijos”.

Los menores de la Granja Escuela Don Bosco conocen sus derechos y aprenden a ser autónomos

Henri es líder de un grupo de chicos de la granja escuela. “Nos enseñan a ser autónomos para el día de mañana. Realizamos lo que llamamos Escuelas de Ciudadanía. Yo me presenté para ejercer el liderazgo y realicé un curso durante dos años. También soy mediador entre los chicos y los educadores para intentar buscar soluciones a los problemas que surgen a diario”, cuenta.

De lunes y viernes Henri estudia en una escuela técnica. Le encanta ayudar en la cocina y también colabora en la limpieza de las habitaciones. Los fines de semana la programación de la Granja Escuela cambia y se transforma en actividades salesianas: “Tenemos caminata, catecismo y oratorio. Nos hablan de nuestros derechos y ponemos en práctica lo aprendido para valernos por nosotros mismos en el futuro”.

Todos los menores que acoge la Granja Escuela recuperan en ella parte de la infancia perdida. Llegan allí por una sentencia judicial y reciben cariño, atención médica, psicológica y logran una nivelación escolar para poder seguir estudiando. El fin último es la reinserción familiar o la adopción. El joven Tendentza lo sabe, y por eso “quiero que me adopten a los 18 años para que me ayuden a cumplir mi sueño y ser una buena persona”.

La mano derecha de Henri tiene las secuelas de haber sufrido quemaduras, pero él asegura que “tampoco lo recuerdo. A veces sueño con eso, pero no sé cuándo fue ni qué pasó”. Lo que tiene claro es que “me gustaría conocer a mi familia, aunque luego no estuvieran conmigo. Tengo un recuerdo lejano, cuando me visitaron y yo tenía 5 o 6 años y que los reconocí sin saber por qué”, finaliza.

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