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20 marzo, 2026

Día Mundial del Agua. Un derecho esencial para la vida que aún no llega a millones de personas en el mundo

Más de 2.200 millones de personas en el mundo carecen de acceso al agua potable, un recurso imprescindible para la salud, la educación y el desarrollo. En el Día Mundial del Agua, que se celebra el domingo, desde MISIONES SALESIANAS recordamos la necesidad de garantizar este derecho humano fundamental. Los misioneros salesianos impulsan proyectos en distintos países para facilitar el acceso a agua limpia y segura en comunidades en situación de vulnerabilidad, mejorando así las condiciones de vida de miles de personas.

Cada 22 de marzo, desde 1993, Naciones Unidas conmemora el Día Mundial del Agua para recordar la importancia de este recurso esencial y alertar sobre la situación de millones de personas que todavía no tienen acceso a agua potable. El lema elegido este año es Donde fluye el agua, crece la igualdad, porque la crisis mundial del agua nos afecta a todos, aunque de forma desigual. En lugares donde el acceso al agua potable y al saneamiento cerca de los hogares es un problema, las desigualdades se acentúan, y son las mujeres y las niñas quienes sufren las peores consecuencias.

En la actualidad, más de 2.200 millones de personas carecen de acceso seguro al agua potable, mientras que aproximadamente la mitad de la población mundial sufre escasez de agua al menos durante una parte del año. Además, cerca de mil menores de cinco años mueren cada día por enfermedades relacionadas con el consumo de agua contaminada, una tragedia que podría evitarse con infraestructuras adecuadas y una mejor gestión de este recurso.

Aunque el agua cubre cerca del 70% de la superficie del planeta, sólo una pequeña parte es apta para el consumo humano. La contaminación, el cambio climático, el crecimiento demográfico o los conflictos armados agravan una situación que ya es crítica en muchas regiones del mundo. Las consecuencias de esta escasez afectan especialmente a la infancia. En numerosos países de África, Asia o América Latina, niños y niñas deben caminar varios kilómetros cada día para conseguir agua, un tiempo que les impide asistir a la escuela o dedicarlo al estudio.

Las niñas y las mujeres recorren grandes distancias para poder conseguir agua

Amina y Safiya, dos niñas de Togo de 11 y 12 años, respectivamente, conocen bien esta realidad. Cada día recorren largas distancias para llenar garrafas de hasta 20 litros y llevarlas a sus casas, una tarea que condiciona su educación y su futuro, porque la falta de agua potable no solo causa enfermedades. También afecta a la seguridad alimentaria, a la economía familiar y a la estabilidad de comunidades enteras.

“Cuando no llueve, los animales mueren, las cosechas se pierden y las familias se quedan sin recursos. La situación se vuelve crítica, especialmente para los bebés”, explican los misioneros salesianos desde Chad, donde las sequías cada vez más frecuentes obligan a muchas personas a desplazarse para encontrar agua.

El cambio climático, la desertificación o la contaminación de los recursos hídricos están aumentando los periodos de sequía en muchas regiones del planeta. Si no se toman medidas, en las próximas décadas dos tercios de la población mundial podrían vivir en países con escasez de agua.

Ante esta realidad, en MISIONES SALESIANAS trabajamos desde hace años para mejorar el acceso al agua potable en comunidades vulnerables. En los últimos años hemos impulsado más de 25 proyectos relacionados con el agua en 16 países de cuatro continentes, con una inversión cercana al medio millón de euros y beneficiando a más de 300.000 personas. Estos proyectos incluyen la perforación de pozos, instalación de sistemas de canalización, tratamiento de aguas y construcción de saneamientos, mejorando las condiciones de salud e higiene de miles de familias.

Proyectos de agua que cambian vidas y permiten el acceso a la educación de los menores

En Togo, por ejemplo, los misioneros salesianos impulsan proyectos de perforación de pozos en distintas comunidades rurales. En el pueblo de Kadjada, donde viven más de 1.300 personas, la población dependía de aguas estancadas o de pequeñas presas que se secaban en época de sequía. La instalación de un pozo hidráulico permite ahora acceder a agua potable y reducir las enfermedades relacionadas con su consumo.

Algo similar ocurre en el pueblo de Sombone, una comunidad rural de casi 2.000 habitantes situada a unos 59 kilómetros de Kara. Allí muchas familias se abastecen de ríos o pozos poco seguros y deben recorrer largas distancias para conseguir agua. La construcción de un nuevo pozo permitirá mejorar la salud de la población y facilitar el acceso permanente a agua limpia. También en Tchandida, otra comunidad rural del norte de Togo, los misioneros salesianos impulsan un proyecto de perforación de un pozo que beneficiará a más de 1.300 personas y permitirá mejorar las condiciones sanitarias y de higiene de la población.

Además de garantizar el acceso al agua potable, estos proyectos incluyen programas de sensibilización sobre higiene y gestión del agua, así como la creación de comités locales que se encargan del mantenimiento de las infraestructuras.

Por eso, los misioneros salesianos continúan trabajando para que ningún menor tenga que recorrer kilómetros cada día para beber agua limpia, convencidos de que acompañar, proteger y educar también significa garantizar algo tan básico como el acceso al agua potable.

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