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8 agosto, 2018

La esperanza sigue viva en Alepo a pesar de tanto sufrimiento por la guerra

Alepo es considerada la ciudad mártir de Siria. Herida en sus construcciones tras más de siete años de guerra, sobre todo lo está en las almas y en los corazones de sus habitantes. Para muchas personas la guerra sólo le ha aportado dolor y le ha robado años de serenidad y normalidad. Pero Alepo quiere renacer. Es una ciudad que no se rinde e intenta regresar lentamente a la normalidad y los Salesianos siguen teniendo mucho que decir al haber sido en estos años un oasis de paz para cientos de menores gracias al espíritu de Don Bosco.

De esta ciudad de las paradojas y las contradicciones habla el misionero salesiano Luca Pellicciotta, que constata que no sólo ha encontrado sufrimiento, sino también mucha esperanza. “Existe el deseo de renacer, de sentarse en un bar y tomar un té o un helado para atenuar las horas más calurosas del día. Hay un deseo de bailar, gritar, correr, tal vez incluso sin medida, pero es normal después de una guerra que ha hecho añicos todas la las ilusiones y ha dejado a muchos jóvenes huérfanos y sin posibilidad de educación”, expresa el padre Luca.

La guerra ha durado años y mantiene latente la tensión, pero no ha afectado a la fe de los cristianos que viven en Siria. “Estoy enriqueciendo la profundidad y la fe de los cristianos en Alepo -continúa el padre Luca-. Aquí la fe no es una etiqueta, no es un lema, no es una máscara para ponerse y quitarse cuando sea necesario. En este lugar la fe es vida. Los cristianos saben lo que significa creer en Dios cuando su vida pende de una bomba que podría caer cerca o sobre ellos”.

Los salesianos de Alepo continúan alimentando la fe y la esperanza de la población permaneciendo siempre atentos y con las puertas de sus centros abiertas, como lo hicieron también durante los días más oscuros.

“Muchos han cerrado sus puertas y han tapiado sus hogares. ¡Los Salesianos, no! Don Bosco estaría satisfecho con la lealtad y el amor a los muchachos de Alepo”, agrega. Los muchachos de Don Bosco, en Alepo, tienen una gran fortuna: la de tener muchos jóvenes de todo el mundo que rezan constantemente por ellos.

De hecho, concluye el padre Luca, “también nosotros realizamos este regalo de oración, porque es lo único útil para una verdadera y radical renovación espiritual de Alepo”.

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