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30 octubre, 2017

Ayuda de los Salesianos a los gitanos romaníes en Bulgaria para superar la discriminación social

Por Florian Ripka

En Bulgaria aproximadamente un millón de personas pertenece al pueblo romaní. Nadie conoce las cifras exactas, pero no hay puestos de trabajo para ellos y, por esta razón, muchos romaníes caen en el desempleo y en la criminalidad, lo que a su vez alimenta estereotipos y crea nuevos obstáculos.

En Stara Zagora, una ciudad situada a 230 kilómetros al este de la capital, viven alrededor de 28.000 gitanos romaníes; la mayoría de ellos son niños y adolescentes que malviven en barracones, casas semiderruidas o casas sin terminar. Son despreciados, odiados, expulsados de la vida pública y la formación escolar es en la mayoría de los casos rudimentaria. Gracias a los Salesianos y al apoyo de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), ahora tienen una iglesia y una sede en la que ofrecerles mejores oportunidades.

“Si no hacemos nada, el destino de los niños romaníes está decidido”, dice el salesiano Martin Jilek. “A los 14 años, el clan los casa. Muy pronto tienen hijos y viven del subsidio familiar estatal por hijos, que asciende a unos 40 lev (20 euros por hijo y mes), para muchas familias romaníes, la única fuente de ingresos”.

Los Salesianos han organizado un refuerzo escolar para los niños, pero es mucho más que eso, porque los menores acuden después de la escuela, comen juntos, juegan y aprenden. Allí les enseñan también reglas elementales de comportamiento. “Después de venir algunas semanas por aquí -explica el padre Martin-, comienzan a decir ‘por favor’ y ‘gracias’”.

Los Salesianos de Stara Zagora no conocen horarios. “Dedicamos tiempo a los niños y los padres comienzan a oír hablar de lo que hacen en el centro y aparecen por aquí”, asegura el misionero salesiano. Los romaníes entran y salen con libertad durante todo el día. Asisten a la Santa Misa, buscan consejo o sencillamente visitan a los religiosos.

Un nuevo proyecto de los Salesianos es abrir un comedor. “Así tendremos posibilidad de hablar con ellos. Les queremos convencer de que envíen sus hijos a nuestra escuela”, comenta el misionero salesiano. Éste es precisamente el principal problema: muchos padres no dejan que sus hijos adquieran formación más allá de la escuela primaria, porque entonces no los pueden casar inmediatamente. Sin embargo, ya comienzan a producirse los primeros éxitos: “Muchos romaníes nos conocen ya y saben que queremos lo mejor para ellos”.

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