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4 septiembre, 2019

Los niños del basurero de Ranadi aprenden a leer y a escribir

Al oeste de la capital de Islas Salomón, Honiara, se encuentra un gran basurero en el que viven familias enteras, con niños y niñas que pasan sus días entre la basura. Son familias pobres y sin educación que viven de lo que encuentran para vender o reciclar en el vertedero. Sin embargo, algo está cambiando en el basurero de Ranadi. Más de 70 niños y niñas de entre 4 y 13 años están aprendiendo a leer y a escribir. Éste es el primer paso que los pequeños tengan acceso a oportunidades que les lleven a vivir lejos de este lugar.

Los menores de Ranadi no suelen ir a la escuela. Sus familias son demasiado pobres y tienen que ayudar a la subsistencia de la familia. Por no hablar de las precarias condiciones higiénico sanitarias en las que los niños y niñas viven y que comprometen seriamente su salud.

Los misioneros salesianos de Henderson han iniciado este proyecto para conseguir que los menores del basurero de Ranadi tengan una mejor calidad de vida. “Son ya más de 70 niños y niñas los que cada día acuden a sus clases”, explican los misioneros.

Además, la iniciativa lleva consigo un trabajo integral con las familias y con toda la comunidad del basurero. Por un lado, un trabajo de sensibilización con los padres y madres de los menores para que comprendan la importancia de que sus hijos e hijas acudan a la escuela y puedan formarse. Las familias tienen que sentirse motivadas para llevar a los menores al colegio y ver que esa opción es mejor que la de trabajar revolviendo la basura.

Más de 70 niños y niñas acuden cada día las clases para aprender a leer y escribir. Es el primer paso para cambiar su futuro.

El proyecto también ha puesto en marcha cursos de capacitación a los que acuden 25 jóvenes para especializarse en soldadura, en mecánica y en hostelería, como camareros o asistentes en hoteles. Esta formación les abre una puerta de futuro.

Y, por último, estamos trabajando con las madres de la comunidad para que dentro del terreno del Instituto Don Bosco tengan un espacio donde cultivar frutas y hortalizas que luego venden en el mercado. De esta manera, las mujeres consiguen un dinero extra para mejorar la situación de su familia y también para poder aportar en la escolarización de sus hijos e hijas.

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