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29 marzo, 2019

Refugiados en Palabek: Oline, el reciclador más generoso

En el asentamiento de refugiados de Palabek hay muchas más desgracias que estar lejos de tu país por la guerra: muchos también llegan por hambre, hay escasez de agua hasta que comience la época de lluvias y el reparto de comida, una vez al mes, tampoco es suficiente. Es decir, que el tiempo pasa demasiado despacio y sin mucho que hacer, por lo que no hay prisa para nada, ni para construir el ‘tukul’ (la choza) ni por llegar a los sitios.

Uno de los grandes males del planeta es la contaminación, y los mares de plástico son especialmente visibles en muchas costas africanas. En el asentamiento de Palabek, el plástico es un problema, la basura es un problema y el reciclaje puede ser una oportunidad.

Es bastante común ver niños pequeños recogiendo las botellas de plástico de agua y de refrescos que hay en el suelo. Es una mínima oportunidad de negocio al entregar ese plástico en algunos pequeños puestos cercanos a la recepción del asentamiento, igual que lo es los mercadillos en los que los refugiados venden artículos confeccionados por ellos mismos.

Oline es un joven asiduo a la misa de los domingos en una de las innumerables capillas que tienen repartidas los Salesianos por el asentamiento de refugiados. No se le conoce otro oficio que introducir botellas de plástico en un saco y después andar más de seis kilómetros hasta la recepción del asentamiento de refugiados de Palabek para entregarlas a cambio de algo de dinero.

Uno de los misioneros salesianos, al ver su interés por el reciclaje, le guarda todas la semanas botellas y un día las pasa a recoger. Hoy, en el puesto en el que se compra agua, Oline llegaba con su saco de botellas de plástico para reciclar. Le dieron una moneda de 200 chelines ugandeses (el equivalente a 4 céntimos de euro).

Por la tarde, Oline estaba de nuevo en la zona de Don Bosco, después de recorrer otra vez los seis kilómetros para entregarle al salesiano que lo ayudaba con las botellas la mitad de la humildísima recaudación. Otro ejemplo de generosidad sin límites en un lugar donde se llega con lo puesto y se vive de prestado, con el título de refugiado, y sin saber hasta cuándo.

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