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27 mayo, 2019

Adel, el valiente-imprudente refugiado sirio en Líbano que quiere volver a Alepo para casarse

Adel Agasi tiene 23 años y es un refugiado sirio en Líbano: un ejemplo más de los jóvenes imprudentes pero valientes que huyeron de la guerra en Alepo precisamente para no participar en ella obligado por el ejército. Los Salesianos lo ayudaron a establecerse en Líbano y, aunque reconoce que “no hay sueños para el que huye de una guerra y que estos se reducen al día a día”, Adel tendrá en menos de tres meses la única oportunidad de regresar a Siria, y lo hará para casarse con su novia desde hace diez años: Lara, y regresar a Líbano para formar una familia.

Desde pequeño él y toda su familia frecuentaron la obra salesiana de Alepo. “En el oratorio de los Salesianos crecí y me enseñaron a ser sociable y a ayudar a las personas cuando necesitan algo”. Empezó Derecho en la Universidad pero tuvo que dejarlo antes de terminar el tercer curso porque debía hacer el servicio militar y eso significa participar directamente en la guerra.

Como tantos jóvenes de su edad, Adel tuvo el dilema de quedarse en Siria con su familia y participar en una guerra en la que tendría que matar y en la que podría morir, o huir para no tener que disparar pero separándose de su familia y de sus amigos sin saber por cuánto tiempo.

Los Salesianos lo acompañaron en esa decisión y, como a tantos otros jóvenes, lo ayudaron en lo que pudieron. Adel trabaja en el Centro Técnico Don Bosco (DBT) de Jbeil, en Beirut. Tiene un pequeño cuarto para dormir y trabaja en la portería, conduciendo una pequeña furgoneta en una ruta escolar, comprando alimentos y ayudando en el mantenimiento de la casa.

En Alepo se quedaron sus padres, un hermano mayor odontólogo y una hermana pequeña que estudia Bachillerato. No hay día en que no hable con ellos y con Lara, su novia desde hace 10 años y con la que quiere casarse el 18 de agosto en Alepo, para después regresar a Líbano y formar allí una familia. Será su última oportunidad de entrar en Siria si la situación no cambia, ya que por no hacer el servicio militar, pasados cuatro años deberá pagar 8.000 dólares para entrar en el país como compensación.

Lara, la boda y su familia son las tres cosas que lo mantienen sonriente y esperanzado, porque asegura que “quien huye de la guerra no tiene sueños, su sueño es el día a día”, pero claro que quiere volver a Siria cuando haya paz: “La tierra que te vio nacer es lo principal y la guerra está siendo una prueba muy fuerte de fe, pero tenemos que demostrar a Dios que la tenemos”.

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