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Ver todas las noticiasEl terror regresa a Siria: la escalada de violencia en Alepo agrava la crisis humanitaria con familias al límite
La reanudación de los enfrentamientos armados en Alepo entre finales de diciembre y mediados de enero ha devuelto el miedo a una población exhausta tras más de una década de guerra. En un contexto de extrema fragilidad social y económica, la violencia ha causado nuevas víctimas, desplazamientos forzosos y un grave impacto psicológico, especialmente entre la infancia. Pese a todo, los misioneros salesianos han retomado las actividades en el Centro Don Bosco y continúan acompañando a la población e infundiendo esperanza en un espacio conocido como “oasis de paz”.
La ciudad de Alepo, que en los últimos años había logrado una frágil sensación de estabilidad, ha vuelto a situarse en el epicentro de la violencia en la zona. Entre el 23 de diciembre y el 12 de enero, distintos barrios de la ciudad registraron intensos combates callejeros que causaron al menos 25 personas fallecidas, más de un centenar de heridos y daños significativos en viviendas e infraestructuras básicas. Zonas como Sheikh Maqsoud, Ashrafieh o Bani Zaid se vieron especialmente afectadas, obligando a numerosas familias a huir de forma precipitada.
Estos episodios han reabierto heridas que nunca llegaron a cerrarse del todo. “Cada nuevo estallido de violencia reaviva el miedo de los peores años de la guerra y deja a la población sin fuerzas para empezar de nuevo”, explican los misioneros salesianos que trabajan en la ciudad. La incertidumbre, el sonido de los disparos y la interrupción de la vida cotidiana han generado un clima de angustia generalizada.



La violencia ha vuelto a incrementar las situaciones ansiedad y trauma infantiles
Uno de los efectos más inmediatos ha sido el aumento de los desplazamientos internos. Familias enteras abandonaron sus hogares sin poder llevar con ellas lo más básico, buscando refugio en casas de familiares o en zonas consideradas algo más seguras. A ello se sumaron cortes en el suministro de agua y electricidad y dificultades para acceder a centros de salud, en una ciudad donde la pobreza y la falta de recursos ya son estructurales.
El impacto psicológico resulta especialmente preocupante. Se percibe un incremento notable de la ansiedad, el estrés y de síntomas de trauma, sobre todo entre los niños y niñas. Muchos menores, que ya crecieron bajo el sonido de las bombas, vuelven ahora a enfrentarse al miedo, a la interrupción de la escuela y a la sensación de no tener un futuro claro. “Los más pequeños están cansados de tener miedo; necesitan seguridad, estabilidad y esperanza, no más violencia”, subrayan los misioneros salesianos.
La situación de Alepo se enmarca en una crisis humanitaria de enorme magnitud en toda Siria. Actualmente, más de 16,5 millones de personas necesitan ayuda urgente y más de 14 millones sufren inseguridad alimentaria. El encarecimiento extremo de los alimentos, la falta de empleo y el colapso de los servicios públicos empujan a miles de familias a situaciones límite, obligándolas a reducir comidas, endeudarse o recurrir a estrategias de supervivencia cada vez más extremas.
El Centro Don Bosco vuelve estar abierto para ofrecer apoyo educativo, cercanía y esperanza
Pese a este contexto adverso, los Salesianos han retomado las actividades en el Centro Don Bosco de Alepo, que tuvieron que interrumpir durante días por la inseguridad, adaptándolas y priorizando la protección de la infancia y de las familias más vulnerables. El centro vuelve a ser un punto de referencia para menores y jóvenes, ofreciendo apoyo educativo, actividades de ocio y tiempo libre y un acompañamiento cercano. Este espacio, conocido como “oasis de paz”, representa un lugar seguro donde los menores pueden jugar, expresarse y recuperar, aunque sea por unas horas, la sensación de normalidad.
“La presencia continua es, en sí misma, un mensaje de esperanza”, destaca el salesiano Pier Jabloyan, director de la casa salesiana en Alepo. En medio del cansancio y la desilusión, el acompañamiento cotidiano de los misioneros salesianos recuerda a la población que no está sola.
Siria no puede caer en el olvido, porque la emergencia ya no es puntual, sino una crisis prolongada que exige una respuesta sostenida y solidaria para proteger la dignidad y el futuro de millones de personas, especialmente de quienes más están sufriendo las consecuencias de la violencia.