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19 enero, 2024

Catalina, un caso de éxito del documental ‘Alto el fuego’ y un ejemplo de que los sueños se cumplen

Catalina tiene 25 años y no ha dejado de cumplir sueños desde que conoció a los Salesianos. Cuando era una niña, los abusos y la violencia que sufría en casa la llevaron a huir y a alistarse con una de las guerrillas en Colombia. Allí empuñó un arma más grande que ella, tuvo que disparar, resultó herida y vio morir a compañeros… Echaba tanto de menos a su familia y sufrió tantas atrocidades que también decidió huir de la selva. En el programa ‘Construyendo sueños’ de Ciudad Don Bosco-Medellín aprendió a superar sus traumas, volvió a estudiar y empezó a soñar con su futuro. Desde entonces no ha dejado de soñar, de superarse a sí misma, y de seguir ayudando a los menores desvinculados del conflicto armado colombiano.

La joven Catalina repite la misma palabra en casi todas las frases que pronuncia: “Gracias”. Está agradecida a los Salesianos “porque me cambiaron la vida”, a Misiones Salesianas “por haber participado en el documental Alto el fuego y haberme permitido viajar, y después por haberme dado una beca de estudios que me ha permitido ser profesional”, explica.

Catalina, que ahora tiene 25 años, huyó de su casa para formar parte de las FARC “porque mi padre abusaba de mí y mi madre no me defendía”. En la guerrilla aprendió nociones de enfermería, pero también sufrió todo tipo de abusos. “Cambié los juguetes por un arma más grande que yo y muchos niños y niñas como yo pasaron a ser mi familia”. Resultó herida y vio morir a muchos compañeros. Tuvo que disparar sin saber nunca si mató a alguien, “pero tenía que hacerlo para que no me mataran a mí”.

Al final, también decidió huir, y tras varios días sola por la selva logró ser rescatada por el Ejército y fue puesta a salvo. Cuando llegó al programa de los Salesianos de Ciudad Don Bosco Medellín Construyendo sueños decidió dejar atrás su pasado. “Quería superar los traumas y adicciones del pasado, acercarme de nuevo a mi madre y a mis hermanos y, sobre todo, estudiar y soñar con un futuro mejor”, recuerda.

“El documental ‘Alto el fuego’ me abrió la mente y la vista y me ayudó a cumplir mi sueño”

El rodaje del documental Alto el fuego, reconoce, le cambió la vida: “Me dio la oportunidad de visitar otros países. Sólo tenía mi plano y me abrió la mente y la vista al conocer otras culturas, a otras personas y también para poder estudiar Enfermería gracias a la beca de Misiones Salesianas. Me ayudó mucho para darme cuenta de que los sueños se pueden cumplir. Yo quería ser enfermera y me ayudó a lograr ese sueño”.

Con sus intervenciones en público en las instituciones europeas y en Naciones Unidas Catalina aprendió que “mi testimonio podía ayudar a otras personas. Expresarme con el corazón me ayudó a perdonar y a perdonarme a mí misma, así que, al regresar a Colombia me convertí en líder del programa en Ciudad Don Bosco y empecé a hacer cosas que no sabía que podía hacer, descubrí un liderazgo que desconocía y me convertí también en embajadora de paz. Eso me permitió también viajar a la Jornada Mundial de la Juventud de Panamá y conocer al Papa Francisco”.

La joven protagonista de Alto el fuego cumplió su sueño de convertirse en enfermera. “Estaba tan agradecida a los Salesianos que por un tiempo estuve cuidando a los más mayores. Ahora amo mi trabajo. Es cansado por los turnos rotativos que tengo, y a veces hasta es peligroso por las zonas en las que tenemos que visitar a los pacientes, que son las comunas donde hay narcotráfico y mucha violencia, pero soy feliz”.

“Tengo 30 minutos para cada paciente, pero me gusta atenderlos, hablarles, escucharlos…”

En un día de trabajo cualquiera Catalina tiene “11 o 12 pacientes que atender en 8 horas. Me entregan los informes de los pacientes, preparo los medicamentos para hacer las visitas domiciliarias y, en teoría, tengo 30 minutos por cada paciente, pero me gusta atenderlos, hablarles, escucharlos… y tengo que informar al médico para ver si está estable o hay que trasladarlo”.

En el documental Catalina también expresaba su sueño de “comprar una casa bien grande para mi mamá y mis hermanos”. Reconoce que sigue soñando, “y también sigo ahorrando. Es difícil, pero ahí sigo, aunque ahora mi siguiente sueño es estudiar Medicina. Estoy buscando becas de alguna institución. No es sencillo, pero seguiré intentándolo porque también quiero conseguirlo”.

Lo que también sigue haciendo Catalina siempre que puede es dar charlas con su testimonio a menores que se encuentran en la misma situación que vivió ella: en el programa salesiano para menores desvinculados del conflicto armado. “Les digo que aprovechen la oportunidad que les dan, que son unos privilegiados. Que estudien y sueñen, que confíen, porque los sueños se cumplen y yo soy un ejemplo de ese éxito del trabajo de los Salesianos”, finaliza.

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