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31 octubre, 2019

Eric Ponce, el rapero que escapó de la violencia y de las etiquetas y cuida a la juventud en riesgo

“Un error no te define. No permitas que te etiqueten”, es el mensaje de Eric Ponce, un joven de 32 años de Ciudad Juárez que compagina su pasión por la música (el rap) y la escritura con su trabajo dedicado a la infancia en riesgo. Su actual cargo de coordinador de Bachillerato de Segunda Oportunidad, Recaudación de Fondos y Diseño de Programas Educativos en una asociación de promoción juvenil era inimaginable para él cuando formaba parte de las pandillas, tuvo que empuñar armas, vio morir a familiares y amigos, tonteó con las drogas y tuvo que esconderse para no ser asesinado. Ahora es feliz y además un ejemplo de que se puede conseguir lo que uno se proponga.

De pequeño era buen estudiante pero reconoce que su ambiente en casa no era el mejor. Su madre había vivido en la calle y trabajaba cruzando migrantes ilegales a Estados Unidos, y su padre se alistó en el Ejército, así que creció solo y desde pequeño participó en fiestas donde el alcohol y las drogas estaban normalizadas.

Empezar a despistarse en los estudios, ser calificado de «burro», «disfuncional» y «drogadicto», y conocer a alguien 6 años mayor en la adolescencia hicieron el resto durante los peores años de la violencia en Ciudad Juárez. Sin darse cuenta se vio en una pandilla y con un arma en las manos, con marihuana a su alcance y teniendo que defender de cualquier manera el territorio.

Lo peor, sin embargo, estaba por llegar. En sólo cinco meses de 2009 mataron a seis primos, un cuñado y a su mejor amigo. Él era muy parecido a su primo y en varias ocasiones lo confundieron con él, la última, cuando los sicarios irrumpieron en el velatorio para asegurarse de que habían acertado con la víctima. En ese momento decidió huir, esconderse y alejarse de la violencia.

Desde 2003 compone rap. La argumentación, la crítica social y la ética se han convertido en sus armas. Tiene tres álbumes publicados, una decena de vídeos en Youtube y está a punto de acabar un libro.

En casa no eran religiosos, y sólo tenían un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús ante el que rezaban cuando sus padres se peleaban. “Nos lo pedía nuestra abuela y funcionaba, porque dejaban de discutir”. Desde pequeño empezó a frecuentar uno de los oratorios salesianos en Ciudad Juárez, el Don Bosco, y desde 2003 se dedica al rap con su firma Ponce PX1. En una ocasión, un salesiano le pidió en una misa que improvisara el Padrenuestro en forma de rap y fue un éxito.

Su carrera no hace más que ascender, pero ni olvida sus raíces en los barrios de la periferia ni quiere dejar su trabajo de estar junto a los jóvenes para que tengan la segunda oportunidad que a él nunca le dieron. “Yo tuve que deconstruir mi vida para entender todo a mi alrededor y darme cuenta de los errores pero también de las oportunidades que tenía delante de mí y ahora ya sé que no puedo parar y quiero seguir ayudando a los demás”, destaca Eric, que sueña con triunfar también más allá de la frontera que representa Ciudad Juárez.

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