Cerrar aviso

VAMOS A SUPERARLO JUNTOS. Con tu ayuda conseguitmeos mascarillas FPP2

Dona ahora
16 abril, 2026

Sin escuela, sin infancia y en continuo riesgo: el rostro actual de la esclavitud infantil en el mundo

La esclavitud infantil sigue afectando a millones de niños y niñas en todo el mundo, aunque muchas veces permanezca oculta. En el Día Mundial contra la Esclavitud Infantil, desde MISIONES SALESIANAS alertamos sobre una realidad que adopta múltiples formas y recuerda que la educación y la protección son esenciales para romper este ciclo en menores que no van al colegio, trabajan todo el día, no tienen tiempo para comer, y mucho menos para poder jugar. Son niños y niñas sin infancia. Este día nos recuerda que debemos seguir trabajando para acabar con esta herida abierta en el siglo XXI.

A Saihaj le gustaba ir a la escuela. Tiene 12 años y soñaba con ser profesor, pero desde hace dos trabaja en un taller de confección en India para ayudar a su familia. Sus jornadas comienzan antes del amanecer y se alargan durante horas sin cambiar de postura y apenas sin descanso. “Me gustaría no tener que trabajar tanto, pero si no lo hago mi familia no come”, explica. Su historia no es una excepción, sino el reflejo de una realidad estructural que afecta a millones de menores en todo el mundo, cuya infancia queda interrumpida por la necesidad y la falta de oportunidades y alternativas.

Según estimaciones de organismos internacionales, más de 160 millones de niños y niñas trabajan en el mundo, y cerca de la mitad lo hace en condiciones peligrosas que comprometen su salud, su desarrollo y su futuro. Dentro de este contexto, al menos nueve millones de ellos se encuentran atrapados en formas de esclavitud infantil: trabajo forzoso, trata con fines de explotación, matrimonios precoces o reclutamiento en conflictos armados. Se trata de situaciones que, aunque no siempre visibles, implican una vulneración grave de derechos fundamentales y perpetúan ciclos de pobreza difíciles de romper.

La esclavitud infantil adopta múltiples formas y también se adapta a cada situación. En zonas rurales muchos menores trabajan en la agricultura, la minería o la pesca, a menudo expuestos a sustancias tóxicas, cargas excesivas o entornos peligrosos. En áreas urbanas otros sobreviven en economías informales o caen en redes de explotación. La pobreza, la desigualdad, las crisis humanitarias y la falta de acceso a la educación son, en ambos casos, factores determinantes que empujan a las familias a situaciones límite.

La escuela y el acompañamiento son claves para acabar con las situaciones de esclavitud infantil

“Cuando un niño entra en el circuito del trabajo, es muy difícil que vuelva a la escuela si no hay un acompañamiento cercano y sostenido en el tiempo”, explica el misionero salesiano Emmanuel Chana, al frente de numerosos proyectos educativos en África occidental. “No basta con ofrecer una plaza escolar; es necesario trabajar también con las familias, generar alternativas económicas y reforzar la comunidad para evitar vuelvan a una situación de explotación”.

En América Latina muchos niños y niñas abandonan la escuela para contribuir a la economía familiar en contextos urbanos vulnerables. Daniela, de 13 años, pasaba gran parte del día vendiendo productos en la calle hasta que comenzó a acudir a un centro salesiano. Allí no sólo retomó sus estudios, sino que encontró un espacio seguro donde desarrollar habilidades, relacionarse y recuperar una parte de su infancia. “Aquí volví a estudiar y también a jugar”, recuerda, poniendo de manifiesto el impacto que tienen estos programas cuando se abordan de manera integral.

En Asia la situación de las niñas presenta riesgos específicos. Muchas son víctimas de explotación en el ámbito doméstico o de matrimonios forzados a edades tempranas, lo que limita radicalmente sus oportunidades de desarrollo. Frente a ello, los programas salesianos combinan educación, sensibilización y protección, generando entornos donde las menores pueden conocer sus derechos y construir alternativas. Este enfoque preventivo resulta clave para frenar dinámicas profundamente arraigadas en determinados contextos.

El objetivo no es sólo luchar contra la esclavitud infantil, sino prevenirla ofreciendo oportunidades

Junto a los misioneros salesianos, trabajamos en 138 países de los cinco continentes con un modelo de intervención que pone a la persona en el centro. La educación es el eje principal, pero se complementa con apoyo psicosocial, refuerzo comunitario y acompañamiento a las familias. El objetivo no es sólo rescatar a los menores de situaciones de explotación, sino prevenir que vuelvan a caer en ellas, ofreciendo oportunidades sostenibles que transformen su entorno.

Por desgracia, esta problemática no es ajena a los países desarrollados. Y, por ello, la sensibilización, la incidencia y la corresponsabilidad son elementos clave para avanzar hacia su erradicación.

En el Día Mundial contra la Esclavitud Infantil, las historias de Saihaj y Daniela recuerdan que detrás de cada cifra hay una vida que puede estar en riesgo. Cada menor que regresa a la escuela representa un avance, pero el desafío sigue siendo global y urgente. “Lo más importante es que los niños y niñas se sientan como tales y disfruten de su infancia”, concluye el misionero. Una afirmación sencilla que resume una prioridad compartida: garantizar que crezcan con derechos, oportunidades y un futuro por construir.

Colabora

Quiero colaborar con el trabajo que realiza Misiones Salesianas

50€
100€
150€
Otra cantidad