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Ver todas las noticiasLas inundaciones descienden en el Alto Orinoco venezolano, pero ahora empieza la emergencia más silenciosa
Al menos 750 familias indígenas han resultado damnificadas por las inundaciones de las últimas semanas en el Alto Orinoco, en el estado Amazonas de Venezuela. Las autoridades locales elevan el impacto a más de 2.000 personas afectadas en La Esmeralda y en las comunidades cercanas, tras la crecida inusual del río Orinoco desde finales de mayo. El padre Wilfredo García, misionero salesiano en La Esmeralda, alerta ahora de los riesgos sanitarios, la pérdida de cultivos y las dificultades para conseguir alimentos.
Las lluvias han disminuido y el nivel del río Orinoco comienza a bajar en La Esmeralda, capital del municipio Alto Orinoco, en el estado Amazonas de Venezuela. Sin embargo, la emergencia no ha terminado. Tras semanas de intensas precipitaciones, las comunidades indígenas afectadas afrontan ahora la fase de limpieza de viviendas, agua estancada, proliferación de mosquitos, riesgo de enfermedades, pérdida de conucos (zonas cultivables) y dificultades para conseguir alimentos.
“La situación está ya mucho más serena”, explica desde La Esmeralda el misionero salesiano Wilfredo García. Sin embargo, advierte de que comienza una etapa menos visible, pero igualmente preocupante: “Queda lo que yo llamo la postinundación, que es la limpieza, sobre todo de las casas donde se metió más agua”.
El sector más afectado continúa siendo la denominada La Costa, la zona más cercana al río. “De hecho, todavía están inundados”, señala el misionero. Aunque el agua va descendiendo poco a poco, en algunos puntos permanece estancada y la situación sanitaria es delicada. “Anoche tuve la oportunidad de caminar por allí y el olor es bastante fuerte”, relata. El agua de la inundación se ha mezclado con la de los pozos sépticos rebosados y con otros residuos. “No solamente son los desechos humanos, sino también animales”, añade.
En el resto de La Esmeralda, aunque el agua ha bajado, sigue habiendo zonas pantanosas y mucho barro. Esto dificulta los desplazamientos y favorece la proliferación de insectos. “Ha hecho que proliferen mucho las plagas: zancudos, mosquitos, jejenes, lo que aquí llaman los famosos puri puri”, cuenta.
La proliferación de mosquitos y otros insectos preocupa especialmente en una región donde enfermedades como la malaria, el paludismo, el dengue, el zika o la chikunguña suponen una amenaza constante.






El descenso de las aguas aumenta la amenaza de enfermedades y complica la vida diaria
Algunas familias han salido temporalmente hacia zonas del interior para intentar salvar los conucos que todavía puedan recuperarse o alejarse del barro, el lodo y la plaga. Otras permanecen en La Esmeralda, donde la asistencia sigue siendo necesaria.
A la emergencia sanitaria se suma la preocupación por los alimentos. Muchas familias indígenas del Alto Orinoco viven de la caza, la pesca, la recolección y los conucos, pequeñas parcelas de cultivo esenciales para su subsistencia. Las inundaciones han dañado parcial o totalmente muchos de estos cultivos.
“Las familias que perdieron la totalidad de sus conucos están muy preocupadas”, afirma el padre Wilfredo. El problema no es solo la pérdida inmediata de alimentos, sino el tiempo necesario para recuperar las cosechas. “Los ciclos de cosecha son anuales o casi anuales; tardan entre 9, 10 o 12 meses para que la yuca esté en su punto o para que los plátanos puedan estar listos”, explica.
La búsqueda de alimentos también se ha complicado por la falta de combustible, los cambios en la dinámica del río y el desplazamiento de animales a causa de las lluvias y la crecida. “La alimentación es un tema muy preocupante ahora”, advierte.
El padre Wilfredo reconoce la solidaridad de muchas personas que han enviado ayuda, pero subraya las dificultades logísticas para llegar hasta el Alto Orinoco. La zona depende de la navegación fluvial y del transporte aéreo, y las distancias entre comunidades son largas.
Las autoridades regionales han visitado la zona y han entregado alimentos y medicinas para emergencias, pero las necesidades siguen siendo superiores. “Han traído bolsitas de comida para dar a las familias, pero son realmente muy pequeñas. Con eso se puede ayudar sólo dos o tres días”, explica.
La pérdida de conucos compromete la alimentación de muchas familias indígenas
La situación es especialmente compleja en las comunidades más alejadas. Mavaca se encuentra a unas cuatro horas de navegación desde La Esmeralda. “Entiendo que en el sector Mavaca y en las comunidades yanomami las consecuencias han sido mayores, pues las aguas acabaron con los conucos”, indica. Pese a la gravedad de la emergencia, confirma una noticia importante: “No hubo pérdidas humanas, gracias a Dios”.
Desde MISIONES SALESIANAS mantenemos nuestro apoyo y hemos realizado un primer envío de 10.000 euros de ayuda de emergencia humanitaria para el Alto Orinoco, con comunidades indígenas yanomami y yekuana afectadas por el desbordamiento del río, la pérdida de viviendas, cultivos, escuelas, comedores y medios de vida.
Ahora, aunque las lluvias han disminuido y las aguas retroceden en algunos puntos, la situación entra en una etapa crítica. Las principales necesidades se centran en alimentos, medicinas, agua segura, productos de higiene, mosquiteras, combustible, herramientas, recuperación de conucos y reconstrucción de viviendas y espacios comunitarios.
La emergencia visible de la inundación deja paso a una emergencia más silenciosa. Las aguas bajan, pero quedan el barro, los mosquitos, el riesgo de enfermedades y la incertidumbre alimentaria de muchas familias que dependen de la tierra, del río y de la solidaridad para volver a empezar.