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Ver todas las noticiasNepal, entre el barro y la incertidumbre tras una riada devastadora
El 26 de agosto, el país asiático sufrió una gran riada que ha arrasado comunidades enteras en el norte del país y dejó cientos de víctimas y desaparecidos. Rasuwa y Nuwakot se encuentran entre las zonas más afectadas, con viviendas, carreteras y puentes destruidos. Los misioneros salesianos en el país están evaluando las necesidades más urgentes. Desde MISIONES SALESIANAS trabajamos junto a la red salesiana en Nepal para acompañar a las familias afectadas.
La fuerza del agua sorprendió a cientos de personas ayer, 26 de agosto. Una enorme riada cargada de barro, rocas y sedimentos descendió por la cuenca del río Bhotekoshi y alcanzó posteriormente el sistema del río Trishuli, arrasando a su paso viviendas, carreteras, puentes y otras infraestructuras en el norte de Nepal.
Comunidades enteras han quedado cubiertas de barro, vehículos fueron arrastrados por la corriente y algunas localidades se encuentran prácticamente incomunicadas. Las autoridades nepalíes cifran ya en cerca de 300 las personas fallecidas y en más de 1.500 las desaparecidas, aunque el balance continúa siendo provisional mientras avanzan las labores de búsqueda y rescate.
Rasuwa y Nuwakot son dos de los distritos más afectados. La destrucción de decenas de puentes y de cerca de 40 kilómetros de carreteras está dificultando especialmente el acceso a determinadas comunidades. La tragedia vuelve a poner de manifiesto la enorme vulnerabilidad de las comunidades del Himalaya ante fenómenos extremos y riesgos asociados a los glaciares y a la alta montaña.
Los misioneros salesianos están evaluando necesidades
Los misioneros salesianos están presentes en el país desde 1992 y su trabajo se centra especialmente en la educación, la formación de niños, niñas y jóvenes y el acompañamiento a las poblaciones más vulnerables.
Ante esta nueva emergencia, “nos estamos coordinando con las autoridades locales, nuestros colaboradores y las comunidades para evaluar las necesidades urgentes y movilizar ayuda inmediata para las familias afectadas”, explican los misioneros salesianos en el país.
Desde Nepal, los misioneros hacen además un llamamiento a la solidaridad para poder ofrecer “ayuda de primera necesidas, consuelo y esperanza” a las personas que están atravesando estos momentos tan difíciles.
La respuesta a esta catástrofe se apoya también en una presencia salesiana estable en el país. Cada día, miles de niños, niñas, jóvenes y familias encuentran oportunidades de futuro a través de escuelas, formación y proyectos de desarrollo.
El centro Don Bosco en Bharoul, por ejemplo, atiende a más de 800 niños y niñas y en Sunsari, hay 900 estudiantes. En Chhinchu y las comunidades rurales cercanas, los misioneros facilitan formación a jóvenes de familias con pocos recursos.
La labor salesiana también busca fortalecer los medios de vida de las comunidades. En Lubhu y Thecho se acompaña a agricultores, mujeres y jóvenes desempleados con formación en agricultura ecológica y ganadería. Y en Laukahi hay proyectos de agricultura sostenible para impulsar cultivos más resilientes frente al cambio climático, favorecer la pesca sostenible y generar ingresos para familias marginadas.
Esta red de educación y acompañamiento permite permanecer cerca de las personas no sólo cuando se produce una crisis, sino también antes y después de ella.
Solidaridad salesiana para llegar a la personas más afectadas
Desde MISIONES SALESIANAS estamos en contacto con los misioneros salesianos en Nepal y trabajando para evaluar las necesidades y articular una respuesta que permita apoyar y acompañar a las familias más afectadas.
Los misioneros salesianos ya conocen lo que significa acompañar al pueblo nepalí después de una catástrofe. Tras el terremoto de 2015, estuvimos al lado de las personas afectadas en la en la emergencia y, posteriormente, en la reconstrucción de escuelas y en la recuperación de comunidades.
“Unámonos en solidaridad y respondamos con compasión, ayudando a las familias afectadas a reconstruir sus vidas con dignidad y esperanza”, explican los misioneros.
Hoy, ante una nueva tragedia, el compromiso vuelve a ser el mismo: estar cerca, escuchar las necesidades y acompañar a las personas para que puedan recuperar sus vidas y mirar de nuevo al futuro con esperanza.