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Ver todas las noticiasSudán del Sur, 15 años de independencia y una misión salesiana que acompaña a millones de personas desplazadas
Hoy, 9 de julio, se cumplen 15 años de la independencia de Sudán del Sur, el país más joven del mundo. La esperanza que acompañó aquel momento histórico sigue hoy marcada por la inestabilidad, la violencia, el hambre y el desplazamiento forzoso. Alrededor de 1,9 millones de personas continúan desplazadas dentro del país por el conflicto y más de 2,3 millones viven refugiadas en países vecinos. Los misioneros salesianos tratan de ayudarlas en todas las fases de la emergencia: acompañamiento, acogida, refugio, reconstrucción de sus vidas y regreso a sus hogares.
El aniversario de la independencia de Sudán del Sur no se plantea como una celebración, sino como una llamada de atención. Sudán del Sur nació como estado independiente el 9 de julio de 2011, pero la paz esperada no ha llegado de forma estable para buena parte de la población. La violencia, los enfrentamientos internos, la inseguridad alimentaria, las inundaciones y la falta de servicios básicos han empujado a millones de personas a abandonar sus hogares.
Los misioneros salesianos acompañan a la población desplazada y vulnerable en lugares como Tonj, Maridi, Kuajok, Wau y Don Bosco Gumbo, en Juba, y también en la vecina Uganda, en el asentamiento de refugiados de Palabek, con educación, acogida, formación profesional, protección de menores y jóvenes, apoyo humanitario y construcción de paz.
Ara Tena, cooperante de MISIONES SALESIANAS en Sudán del Sur, resume la respuesta salesiana en el país como una presencia que combina emergencia y desarrollo. “MISIONES SALESIANAS trabaja ahora mismo en Sudán del Sur tanto en desarrollo como en acción humanitaria”, explica.
En Don Bosco Gumbo, en Juba, los Salesianos han acompañado durante años a población desplazada por el conflicto, facilitando alojamiento, alimentación, servicios básicos y apoyo a personas especialmente vulnerables, como mujeres solas con hijos, menores huérfanos y personas mayores. En los últimos meses, además, se ha reforzado la ayuda de emergencia en el campo de personas desplazadas. “Acabamos de cerrar una emergencia con el campo de personas desplazadas de Gumbo, donde hemos repartido plásticos para cubrir las tiendas y alimentos, como parte del apoyo constante que hemos mantenido durante estos años”, señala Tena.
Una presencia salesiana continua en Sudán del Sur entre la emergencia y el desarrollo
Junto a esta respuesta humanitaria, los proyectos de desarrollo buscan reducir la dependencia de la ayuda y abrir oportunidades de futuro. En la zona de Tonj, MISIONES SALESIANAS trabaja con comunidades rurales especialmente vulnerables para mejorar su alimentación a través de la agricultura sostenible. La intervención incluye también sensibilización sobre la enfermedad de Hansen –la lepra– y un componente de paz, presente de forma transversal en los proyectos salesianos en el país.
En Tonj y Maridi, la presencia salesiana apuesta por la formación técnica de mujeres jóvenes. En Tonj ya existe una estructura previa y en Maridi está prevista la construcción y equipamiento de un centro de formación técnica orientado a cocina, conservación de alimentos, costura, corte y confección.
Para Ara Tena, esta línea de trabajo responde a una prioridad clara en el contexto sursudanés. “Creemos que es necesario empoderar a las mujeres, de manera especial económicamente, para que puedan generar sus propios ingresos y mejorar también su estatus social”, afirma. En un país donde las desigualdades de género siguen siendo muy profundas, la formación profesional puede abrir caminos de autonomía para mujeres y familias que viven en contextos de gran vulnerabilidad.
También en Kuajok, desde MISIONES SALESIANAS hemos desarrollado, junto a los Salesianos de Don Bosco-BOSCOAID, proyectos de educación inclusiva, equitativa y de calidad como motor de desarrollo y construcción de paz. Además, los proyectos salesianos incorporan un programa de becas infantiles que apoyará a mil estudiantes de diez escuelas salesianas seleccionadas entre las zonas de mayor necesidad del país.
Para los niños, niñas y jóvenes desplazados o en situación de vulnerabilidad, volver a la escuela significa recuperar rutinas, protección, confianza y futuro. Y para comunidades atravesadas por años de violencia, la educación en derechos, la resolución pacífica de conflictos y la convivencia son una inversión en paz.





Palabek, el asentamiento de personas sursudanesas refugiadas en el norte de Uganda
“Entendemos que es fundamental todo lo que trabajemos en paz y coexistencia pacífica, porque Sudán del Sur es un país que nunca ha vivido en paz”, subraya Ara Tena.
La crisis de Sudán del Sur también se refleja fuera de sus fronteras. En Uganda, el asentamiento de refugiados de Palabek acoge a cerca de 100.000 personas, la mayoría procedentes de Sudán del Sur. Muchas llegaron después de huir con lo puesto, tras perder familiares, vivienda, escuela y medios de vida.
En Palabek, los Salesianos no sólo desarrollan proyectos: viven junto a la población refugiada. Su presencia se centra en la educación, la atención pastoral, la formación profesional, la protección de menores y jóvenes y el acompañamiento comunitario.
El misionero salesiano Ubaldino Andrade, que ha acompañado durante años a la población refugiada en Palabek, recuerda que la guerra no sólo deja destrucción material, sino heridas profundas en las personas. “La guerra es una experiencia destructiva. No sólo destruye casas, sino también corazones. Todo queda atrás, todo desaparece de la noche a la mañana”, explica.
Quince años después de la independencia, Sudán del Sur sigue siendo un país joven que necesita estabilidad, protección y futuro para su población. En Tonj, Maridi, Kuajok, Wau, Don Bosco Gumbo y Palabek, acompañar, educar y permanecer junto a quienes han perdido casi todo es también una forma concreta de construir paz.