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Ver todas las noticiasDía Internacional de la Mujer: educación para la igualdad, el compromiso salesiano para transformar el mundo
En el Día Internacional de la Mujer, que se conmemora el domingo, nos unimos al llamamiento de Naciones Unidas y reafirmamos el compromiso con la igualdad a través de la educación. Porque la pobreza, el analfabetismo y también la desigualdad continúan teniendo, por desgracia, rostro de mujer en el mundo. Por eso, la apuesta salesiana por las niñas y las jóvenes en la educación supone sentar las bases de sociedades más justas, pacíficas y humanas.
Cada 8 de marzo el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer con una mirada puesta en los avances logrados y otra en los retos que aún quedan por superar. El lema propuesto este año por Naciones Unidas insiste en la necesidad de acelerar la acción para garantizar derechos, igualdad y empoderamiento para todas las mujeres y niñas: Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas. Un mensaje que conecta directamente con la misión educativa, que desarrollamos junto a los misioneros salesianos en 138 países de los cinco continentes.
Las mujeres representan la mitad de la población mundial, pero las más de 4.100 millones de niñas, adolecentes, jóvenes y mayores viven en condiciones muy distintas según la zona en la que se encuentren. El 70% de los 1.100 millones de personas que viven bajo el umbral de pobreza son mujeres… Hay 250 millones de menores y adolescentes que no van a la escuela, y más de la mitad son mujeres… De los 770 millones de personas analfabetas en el mundo, dos terceras partes son mujeres.
En muchos contextos donde trabajamos, las niñas siguen enfrentándose a barreras que limitan su acceso a la educación: pobreza extrema, matrimonios forzosos, violencia, conflictos armados o normas culturales discriminatorias. Cuando una familia debe elegir quién continúa estudiando, con frecuencia son ellas las que abandonan primero.
“Cuando una niña cruza la puerta de alguna de nuestras escuelas, no solo empieza a aprender matemáticas o lengua; empieza a creer que su vida puede ser diferente”, explica el misionero salesiano Carlos Berro desde Gambia. “La educación les devuelve la voz y les da herramientas para decidir su futuro”.



La educación salesiana es el instrumento más eficaz para acabar con el círculo de la pobreza
El Sistema Preventivo de Don Bosco demuestra que la educación es el instrumento más eficaz para romper el ciclo de la pobreza y la desigualdad. Una niña que finaliza la educación secundaria tiene más posibilidades de acceder a un empleo digno, retrasar el matrimonio precoz, proteger su salud y participar activamente en la vida social y económica de su comunidad.
En las escuelas salesianas se promueven entornos seguros e inclusivos donde niñas y jóvenes pueden desarrollarse plenamente. Además de la formación académica, se impulsan actividades deportivas, tecnológicas y de liderazgo que refuerzan su autoestima y fomentan su participación.
“En nuestras aulas trabajamos para que se sientan capaces, valoradas y protagonistas, para que descubran sus talentos y tengan un futuro lleno de oportunidades”, añade Berro. Porque la igualdad no se enseña sólo con discursos, sino que se construye en el día a día, generando oportunidades reales.
El acceso al empleo es otro de los grandes desafíos para las mujeres en muchos países. La brecha salarial, la precariedad laboral y la concentración en sectores informales siguen siendo una realidad. Por ello, la formación profesional salesiana es una línea estratégica y una seña de identidad de los Salesianos en el mundo.
En distintos centros de África e Hispanoamérica cada vez más jóvenes optan por especialidades tradicionalmente masculinas como electricidad, albañilería, mecánica, informática o energías renovables. Romper estereotipos también forma parte del proceso educativo.
En Hispanoamérica, además, se desarrollan programas de emprendimiento femenino que permiten a mujeres en situación de vulnerabilidad poner en marcha pequeños negocios. A través de la formación en gestión, finanzas y liderazgo, muchas logran generar ingresos estables y mejorar la calidad de vida de sus familias.



La educación tiene un impacto que se multiplica y beneficia a toda la comunidad
En Asia, por ejemplo, un internado femenino salesiano acoge a niñas procedentes de zonas rurales donde el acceso a la educación es limitado. Muchas son la primera generación de sus familias en asistir a la escuela. Allí reciben formación académica, acompañamiento personal y espacios para desarrollar habilidades sociales y liderazgo.
Algunas antiguas alumnas han regresado como profesoras, sanitarias o trabajadoras sociales, convirtiéndose en referentes en sus comunidades. Su historia demuestra que cuando una niña accede a oportunidades, el impacto se multiplica y alcanza a familias enteras.
Desde MISIONES SALESIANAS hemos desarrollado en los últimos cinco años 33 proyectos destinados a mujeres en 16 países de tres continentes y con una inversión cercana a los 800.000 euros. Más de 40.000 niñas, jóvenes y madres han sido las destinatarias directas, logrando mejorar sus condiciones de vida.
El Día Internacional de la Mujer no es sólo una fecha para reflexionar, sino para renovar el compromiso. Por tanto, continuamos trabajando para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad que permita a niñas y mujeres desplegar todo su potencial.
La igualdad no es únicamente una cuestión de justicia social; es una condición indispensable para el desarrollo sostenible y la construcción de sociedades más pacíficas. Cada aula abierta, cada beca concedida y cada joven que culmina su formación es un paso más hacia un mundo en el que ninguna niña vea limitado su futuro por el hecho de ser mujer. Porque educar a una niña es transformar el mundo. Y esa transformación empieza hoy.