Noticias
Ver todas las noticias645 millones de personas pasan hambre en el mundo: la educación, clave para romper el círculo de la pobreza
El hambre disminuyó por tercer año consecutivo, pero al menos 645 millones de personas siguen sufriéndola a diario en el mundo, y alrededor de 2.100 millones sufren inseguridad alimentaria moderada o grave. Con motivo del Día Mundial de la Alimentación y del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, desde MISIONES SALESIANAS recordamos que garantizar alimentos suficientes debe ir acompañado de educación, formación y oportunidades para que las personas puedan construir un futuro digno.
Mañana, 16 de octubre, se conmemora el Día Mundial de la Alimentación y, un día después, el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Ambas jornadas ponen el foco sobre dos realidades estrechamente relacionadas. La falta de ingresos impide acceder a una alimentación adecuada, mientras que el hambre y la malnutrición afectan a la salud, dificultan el aprendizaje y reducen las posibilidades de encontrar un empleo digno.
El último informe sobre seguridad alimentaria y nutrición de Naciones Unidas muestra algunos avances. El año pasado, alrededor de 645 millones de personas –casi el 8% de la población mundial- padecían hambre, casi 14 millones menos que el año anterior. Sin embargo, la evolución sigue siendo desigual y los progresos resultan insuficientes para alcanzar el objetivo de Hambre Cero en 2030.
El hambre es sólo la manifestación más visible de un problema mucho más amplio. Cerca de 2.100 millones de personas experimentan inseguridad alimentaria moderada o grave. Esto significa que no tienen acceso regular a suficientes alimentos o que se ven obligadas a reducir la cantidad y la calidad de lo que comen.



El hambre disminuye, pero una dieta saludable es inalcanzable para millones de personas
Además, casi 2.700 millones de personas, aproximadamente un tercio de la población mundial, no puede permitirse una dieta saludable. Los conflictos armados, los desplazamientos forzosos, los fenómenos climáticos extremos, el aumento de los precios y las desigualdades económicas continúan condicionando el acceso a alimentos seguros, variados y nutritivos.
A estas cifras hay que sumarle que alrededor de 2.200 millones de personas en el mundo no tienen acceso a servicios de agua potable; 4.200 millones no cuentan con servicios de saneamiento seguros y que 3.000 millones carecen de instalaciones básicas para lavarse las manos.
La pobreza sigue teniendo también una dimensión enorme. El Banco Mundial calcula que alrededor de 831 millones de personas vivían en 2025 con menos de tres dólares diarios, la nueva referencia internacional utilizada para medir la pobreza extrema. La situación es especialmente grave en África subsahariana y en países afectados por conflictos, fragilidad institucional o crisis prolongadas.
A la pobreza económica se añaden otras privaciones. El Índice de Pobreza Multidimensional señala que 1.100 millones de personas carecen simultáneamente de derechos y servicios esenciales relacionados con la salud, la educación y las condiciones de vida. Casi el 80% reside, además, en regiones expuestas a sequías, inundaciones, altas temperaturas u otros riesgos climáticos.
Detrás de estas cifras hay personas que luchan cada día por alimentar a sus familias y acceder a nuevas oportunidades. La educación no resuelve por sí sola todas las causas de la pobreza, pero proporciona conocimientos, autonomía y capacidades para acceder a un empleo, emprender una actividad económica, conocer los propios derechos y participar en el desarrollo de la comunidad.
Educación y formación, claves para que las historias de pobreza tengan otro final
Manikkam, por ejemplo, creció en una familia empobrecida de una comunidad tribal de Kerala, en India, y apenas pudo asistir a la escuela salesiana. Después de años de trabajos precarios, recibió formación en apicultura, emprendimiento y contabilidad básica. Hoy tiene 20 colmenas y combina su empleo como ayudante de cocina con los ingresos de su pequeña empresa de producción de miel. La capacitación le ha permitido reforzar la economía familiar y recuperar la dignidad de sentirse emprendedora.
En Colombia, Diane encontró en el grado de Circo Social de la obra salesiana Juan Bosco Obrero una salida profesional y un proyecto de vida. En África, Sylvie y Christopher viajaron desde Ruanda y Uganda hasta Ghana para especializarse en energía solar. Su formación técnica les permitirá regresar a sus comunidades con conocimientos vinculados al empleo y al desarrollo sostenible.
Son sólo algunos ejemplos de cómo la educación salesiana puede transformar la ayuda inmediata en oportunidades duraderas. Junto a los misioneros salesianos, trabajamos en 138 países de los cinco continentes con escuelas, centros juveniles, espacios de acogida y centros de Formación Profesional, con especial atención a la infancia y la juventud en situación de mayor vulnerabilidad.
Combatir el hambre exige garantizar alimentos hoy, pero también ofrecer herramientas para el mañana. Una escuela, una formación profesional o el acompañamiento para poner en marcha un pequeño negocio pueden permitir que una persona obtenga ingresos estables, mejore la alimentación de su familia y rompa una pobreza que, con demasiada frecuencia, se transmite de generación en generación.