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19 junio, 2026

Día Mundial del Refugiado. Casi 118 millones de personas en el mundo siguen buscando refugio, protección y futuro

En el Día Mundial de las Personas Refugiadas queremos poner rostro a una de las mayores crisis humanitarias de nuestro tiempo. Más de 117 millones de personas viven desplazadas por la fuerza en el mundo, y de ellas, casi 42 millones son personas refugiadas. Detrás de cada cifra hay una historia de huida, pérdida y miedo, pero también de resistencia, dignidad y esperanza. Desde MISIONES SALESIANAS acompañamos a más de 500.000 personas desplazadas y refugiadas, ofreciendo educación, protección y oportunidades para volver a empezar.

Mañana, 20 de junio, se conmemora el Día Mundial de las Personas Refugiadas, una fecha que nos invita a mirar de frente una realidad que afecta a millones de personas en el mundo. Familias enteras se han visto obligadas a abandonar sus hogares para salvar la vida, dejando atrás su país, su escuela, su trabajo, sus recuerdos y todo aquello que formaba parte de su identidad y de su vida.

Según los últimos datos de ACNUR, a finales de 2025 había en el mundo 117,8 millones de personas desplazadas por la fuerza a causa de la guerra, la violencia, la persecución o las violaciones de derechos humanos. De ellas, 41,6 millones son personas refugiadas, 9 millones son solicitantes de asilo y 68,7 millones viven desplazadas dentro de las fronteras de su propio país.

Aunque la cifra supone un ligero descenso respecto al año anterior, continúa reflejando una crisis humanitaria de grandes proporciones. Además, muchos retornos se han producido en contextos muy frágiles, donde la seguridad, la vivienda, la alimentación, la educación o el empleo siguen sin estar garantizados.

Los conflictos en Sudán, República Democrática del Congo, Siria, Ucrania, Myanmar, Afganistán o el Sahel siguen obligando a millones de personas a huir. Muchas no llegan a países lejanos ni a grandes economías, sino que permanecen desplazadas dentro de su propio país o buscan refugio en países vecinos, que a menudo también atraviesan situaciones de pobreza e inestabilidad.

Esta realidad nos recuerda que acoger, proteger, promover e integrar son compromisos concretos con quienes han tenido que dejarlo todo y necesitan empezar de nuevo.

Al hablar de personas refugiadas no hablamos solo de cifras, sino de vidas interrumpidas

Desde MISIONES SALESIANAS queremos poner rostro a esta realidad y seguir acompañando a quienes viven desplazados por la fuerza, especialmente a niños, niñas, adolescentes, jóvenes y familias. En la actualidad, los misioneros salesianos atienden a más de 500.000 personas desplazadas y refugiadas en distintos lugares del mundo, en campos, asentamientos, zonas de frontera y contextos marcados por la violencia o la pobreza.

Lo hacen ofreciendo ayuda de emergencia, alimentación, alojamiento, acompañamiento psicológico y espacios seguros. Pero también, y de manera muy especial, educación y formación profesional. Porque allí donde una persona lo ha perdido casi todo, una escuela puede convertirse en el primer refugio.

Uno de los lugares donde esta realidad se hace visible es Palabek, en el norte de Uganda, un asentamiento que acoge a personas que han huido de la guerra en Sudán del Sur. Palabek comenzó a funcionar en 2017, tiene capacidad para 150.000 personas y actualmente acoge a más de 97.000 personas refugiadas, la mayoría mujeres jóvenes y menores de edad procedentes del vecino país.

Los misioneros salesianos viven allí, junto a la población refugiada. Comparten su día a día, escuchan sus historias y trabajan para que los niños y niñas puedan seguir yendo a la escuela, recibir al menos una comida al día y para que los jóvenes tengan la posibilidad de aprender un oficio en la Escuela Técnica Don Bosco. “Vivimos allí, con las personas refugiadas, trabajamos junto a ellos para que los más pequeños no dejen de ir a la escuela y reciban al menos un plato de comida al día”, explica el misionero salesiano Ubaldino Andrade.

La educación puede ser el primer refugio para volver a empezar y que la esperanza abra camino

Esta realidad queda reflejada en el documental Palabek. Refugio de esperanza. A través de las historias de Alice y Gladys, dos jóvenes madres que tuvieron que huir de la guerra para salvar su vida y la de sus hijos, el documental muestra cómo la educación y el acompañamiento pueden transformar la vida de quienes han tenido que empezar de nuevo lejos de casa.

Historias como la de Lucy, joven refugiada en Palabek, ayudan a comprender el impacto de esta presencia: “Lo pasamos muy mal por la muerte de mi padre y estar en un sitio nuevo y desconocido, pero un domingo conocí a los Salesianos y mi familia y yo hemos recuperado la alegría, la esperanza y la ilusión por el futuro”.

El Día Mundial de las Personas Refugiadas no es sólo una fecha en el calendario. Es una llamada a mirar, escuchar y actuar. A no reducir las vidas a cifras. A recordar que nadie elige ser refugiado y que toda persona tiene derecho a vivir en paz, con seguridad y dignidad.

Mientras millones de personas sigan buscando refugio, protección y futuro, seguiremos presentes junto a ellas. Porque cuando una persona lo pierde todo, una escuela, una comunidad y una mano tendida pueden convertirse en el primer paso para volver a empezar.

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