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Ver todas las noticiasEl trabajo infantil aún roba la infancia a 138 millones de menores en el mundo: la educación es su salvación
En el Día contra el Trabajo Infantil, desde MISIONES SALESIANAS recordamos que, aunque las cifras globales han empezado a descender en los últimos años, siguen siendo inasumibles: casi 138 millones de niños, niñas y adolescentes trabajan en el mundo y 54 millones realizan actividades peligrosas para su salud y desarrollo. Detrás de cada número hay menores que madrugan para vender, limpiar, cargar y sobrevivir, cuando deberían estar en la escuela, jugando y creciendo protegidos. Nuestro documental ‘Canillitas’ muestra que, con acompañamiento, educación y oportunidades, es posible dejar la calle y volver a soñar con un futuro lleno de oportunidades.
Hoy, 12 de junio, se conmemora el Día contra el Trabajo Infantil, una jornada para denunciar una de las formas más invisibles de esclavitud del siglo XXI. En los últimos años se han logrado avances y las cifras han descendido, pero no podemos conformarnos: casi 138 millones de menores siguen trabajando en el mundo y al menos 54 millones de esos menores lo hacen en actividades peligrosas o de esclavitud que ponen en riesgo su salud, su seguridad y su desarrollo.
No pueden ir al colegio con normalidad, apenas descansan, comen deprisa, cargan mercancías, venden en la calle, limpian zapatos, trabajan en minas, fábricas, campos o casas ajenas… Muchos lo hacen para ayudar a sus familias, atrapadas en la pobreza, sin ser conscientes de que sus derechos están siendo vulnerados y de que el trabajo les está robando lo más valioso: su infancia.
El trabajo infantil no es “ayudar un poco en casa”. Es levantarse antes de que amanezca para ganar unas monedas. Es dejar los cuadernos porque hay que vender, limpiar, cargar o cuidar. Es asumir responsabilidades de adultos antes de tiempo. Es crecer pensando que jugar, estudiar o descansar son privilegios que no les corresponden.
Esa realidad tiene rostro en Canillitas, nuestro último documental, estrenado en 2023 y rodado en Santo Domingo (República Dominicana). Sus protagonistas son Moisés, Cristóbal, Edwin, Aquiles, Kioranny y Abril, que cuentan cómo se ganan la vida en la calle limpiando zapatos, vendiendo fruta, lavando coches o realizando pequeños trabajos para ayudar en casa.
Canillitas son los menores que mueven sus piernas en la calle para buscarse la vida
En muchos países de América se conoce como canillitas a los menores que trabajan en la calle porque no paran de mover sus canillas, sus piernas, de un lado a otro para buscar clientes y sobrevivir. Cada paso que dan para trabajar es, muchas veces, el que los aleja de la escuela, del juego y de un futuro con oportunidades.
Moisés tenía 14 años cuando contó que quería dejar de trabajar y llegar a ser artista y doctor. Otros menores del documental explican que sienten miedo en la calle, pero también orgullo por poder ayudar a sus familias. Ahí está una de las trampas del trabajo infantil: convierte una necesidad en costumbre y una vulneración de derechos en aparente responsabilidad.
Pero el encuentro con Don Bosco les está cambiando la vida. Gracias al programa salesiano Canillitas con Don Bosco, estos menores tienen un espacio seguro, actividades educativas y recreativas, acompañamiento familiar y la obligación de permanecer vinculados a la escuela. Poco a poco, el tiempo que antes pertenecía a la calle se le va ganando al aula, al juego y a los sueños.
No son casos aislados. Jalil, en India, trabajaba en una fábrica de ladrillos con jornadas interminables. Colette, en Togo, fue entregada a un familiar con la promesa de estudiar y terminó como sirvienta sin poder salir. Pablo, en Colombia, bajaba a una mina ilegal siguiendo los pasos de su padre. En todos los casos, la intervención salesiana abrió una puerta: hablar con las familias, ofrecer protección, escolarización, alimento, acompañamiento y alternativas reales.
La educación y el acompañamiento, herramientas para que disfruten de la infancia
Las causas del trabajo infantil son muchas: pobreza, falta de acceso a la escuela, desestructuración familiar, conflictos, migraciones, desigualdad, ausencia de protección social y tradiciones culturales que normalizan que un niño trabaje “para hacerse responsable”. Por eso la respuesta no puede ser sólo retirar a un menor de la calle un día. Hay que acompañarlo durante años.
Los misioneros salesianos trabajan en más de 70 países con programas dirigidos a niños, niñas y jóvenes en situación de vulnerabilidad. El primer paso es salir a su encuentro: en los mercados, en las calles, en las estaciones, en los barrios más pobres, allí donde la infancia se vuelve invisible. Después llegan la confianza, el juego, la escuela y la educación, la formación profesional, la alimentación, la atención sanitaria y el trabajo con las familias.
El descenso de las cifras demuestra que el trabajo conjunto da resultados, pero también que no basta con avanzar: hay que acelerar. Mientras haya un solo niño obligado a trabajar en lugar de estudiar, jugar y crecer protegido, la respuesta seguirá siendo insuficiente. Cada menor trabajador es una infancia interrumpida y un futuro al que se le cierran demasiadas puertas.
El objetivo es que ningún niño, niña o adolescente tenga que elegir entre estudiar o trabajar. Que puedan volver a ser menores. Que cambien las herramientas de trabajo por lápices, mochilas y libros. Que sus sueños no estén encadenados a la pobreza. En este Día contra el Trabajo Infantil, desde MISIONES SALESIANAS recordamos que cada menor trabajador tiene derecho a una infancia protegida, a una educación de calidad y a un futuro lleno de oportunidades. Porque cuando un niño deja la calle y entra en la escuela, no sólo cambia su vida: empieza a cambiar el mundo.