DÍA 4 - Alberto López en Colombia

PACTOS DE CONVIVENCIA: ENTRENAMIENTOS PARA LA IGUALDAD Y EL DIÁLOGO

Los menores desmovilizados de los grupos armados que viven en la Casa de Protección Especializada que atienden los Salesianos en Medellín se han pasado gran parte de su vida obedeciendo órdenes sin cuestionar nada, sin la posibilidad de responder ni preguntar el porqué de las cosas, con la voluntad anulada. Han asumido la injusticia como algo normal en sus vidas y, por tanto, no saben cómo enfrentarse a las situaciones nuevas que depara la convivencia diaria de un grupo cambiante en cuanto al número y la procedencia.

Para comprenderlo gráficamente, situaciones tan cotidianas como pedir una cosa por favor, pedir perdón o hablar con un compañero también hay que entrenarlas porque generan problemas y la agresividad contenida se desata en cualquier momento.

“Cuando peleamos me gusta hacerlo ‘sueltecito’, nada de agarrarse. Ya sabrán todos si gano o yo o si me gana el otro, pero nunca pido perdón por nada. Sólo pido perdón a mi madre y a Dios”, comenta uno de los menores que pasó años en la selva con las FARC.

Las chispas, al principio, pueden saltar por cualquier nimiedad: una mirada, un roce en una fila antes de comer… los chicos rápidamente se quitan sus camisetas, o las rompen, y se ponen en posición de boxeo. Ante esa situación, muchos ni se inmutan porque han convivido en entornos de continua violencia de todo tipo, pero los que llevan más tiempo en el centro tratan de separarlos, no sin gran esfuerzo.

Al poco tiempo de cualquier enfrentamiento es fácil ver a los dos adversarios de nuevo juntos y como si nada hubiese pasado, pero el conflicto surgido se abordará en el siguiente Pacto de Convivencia, que se celebra un día cada semana.

Después de comer, el gran círculo que forman sentados en el patio sirve un día para analizar la semana, dialogar, mejorar, decirse las cosas buenas y malas unos a otros y, encauzados por los educadores y psicólogos, mejorar en cuestiones de puntualidad, orden, higiene, buenos hábitos y, también, para dar la forma adecuada a sus propuestas de ocio y tiempo libre.

“Cuando hay una pelea ya saben los dos que han intervenido que el grupo se verá privado de algo por su culpa, así que en el Pacto de Convivencia se les reprocha su actitud para que al menos se sientan culpables, ya que aquí siempre pagan justos por pecadores”.

Las reivindicaciones de los menores mayoritariamente se basan en aumentar los tiempos de ocio, de utilización de la sala de internet, de proponer más paseos… Los educadores toman nota de todas los temas e intervienen al final para apoyar las propuestas de los menores pero también para exigirles la contrapartida de la responsabilidad a cambio: más tiempo de internet, de acuerdo, pero teniendo un uso responsable en los tiempos de usos y en las descargas para no subir fotos que comprometan su seguridad ni ralentizar el sistema.

 

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Epílogo

 

EL DESARROLLO DEL PACTO

Uno de los menores, de manera rotativa, dirige el Pacto de Convivencia. Anuncia el tema (cosas buenas de la semana, malas, alguien quiere decirle algo que le haya gustado al otro, propuestas…) y, nombrando uno por uno a sus compañeros, toma la palabra en voz alta quien tiene algo que decir y hasta recibe aplausos si están de acuerdo con su intervención.

En el último Pacto se propuso, por ejemplo, que el centro tuviera un teléfono móvil para recibir las llamadas de los familiares los fines de semana. El debate fue intenso porque los menores saben que cuando algún menor incumple una norma, las consecuencias las sufren todos. Hace tiempo ya existió esta posibilidad pero algunos menores aprovecharon las llamadas para solicitar crédito a sus familiares y luego ellos realizaban llamadas, así que, se acabó el celular, como ellos lo llaman.